Kusen Ango Shobogenji 2020 [esp]

PreparaciónPrimer día 28/12/2019

“Yo, la tierra y los seres vivos hemos realizado la Vía”

El Buda Shakyamuni, percibiendo en el cielo la estrella de la mañana, realizó el despertar y declaró: “yo, la tierra y los seres animados hemos realizado juntos, al mismo tiempo, La Vía”. Quiero explicar el sentido de este ‘yo’ del cual habla el Buda. Quizás sea sorprendente pero este ‘yo’ no es el Buda Shakyamuni en persona, de hecho el Buda Shakyamuni nació de este ‘yo’. Y no solamente él nació de este ‘yo’ sino también la Tierra y los seres animados.

Aquí y ahora los seres animados somos nosotras, nosotros, sentados en zazen. Aquí y ahora la Tierra es el dojo, es el templo Shobogenji. Shakyamuni realizó el despertar percibiendo las estrellas, es su circunstancia de despertar. Shakyamuni era un tipo de carne y hueso, un humano como nosotros. Es su circunstancia de despertar pero nosotros y nosotras no debemos atribuir un sentido especial a estas estrellas. Ellas no son sino simples objetos que se mueven en medio de otros objetos. Entonces, realizando La Vía, el Buda Shakyamuni entendió que eso no era un hecho personal, no era un acto personal. Entender eso es fundamental, es fundamental si queremos estudiar profundamente esta Vía.

El Buda Shakyamuni entiende que eso no es su despertar, que no es el hecho de su propia persona. Entonces, si es así, no indica que el despertar auténtico no concierne al ego. Todo eso para decirles que la práctica auténtica transmitida, la práctica sincera, es una experiencia íntima adentro de uno. La práctica sincera no es una práctica que se dedica a reforzar al ego; al contrario, hablamos de despojarse de él, utilizando la palabra abandonar, abandonar a su ego. Si nos apegamos a algo, sea lo que sea este algo, aun si este algo es un ideal, pues lo transformamos y eso se vuelve pasión. Pero la práctica por seguir las leyes tanto como la práctica para adquirir, son ambas vacías. Es aquí que reside la quietud. Y si existe algo en este mundo, que es incapaz de quietud, es más bien el ego. Ego, ¡primera pasión del ser humano! Aquí hacemos el voto de vencer todas nuestras pasiones entonces, ponerse a la obra y a trabajar sobre la más grande, la que sostiene todo: el ego.

Es una advertencia, en el sentido de consejo lleno de compasión, para todas y todos aquí sentados en el dojo. O sea, es el marco que doy ahora en el cual cada uno es libre de usarlo para profundizar… o no. Durante esta sesión, tal como durante todo el Ango, no se dediquen a reforzar su ego: es ese el gran, gran regalo de Shakyamuni Buda, ¡regalo que tiene dos mil ochocientos años! Cada uno de nosotros seres animados, seres sensibles, seres capaces de despertarse, somos capaces de abandonar su ego; cada uno debe reflexionar, concentrarse, para buscar, para hacer aparecer adentro de sí mismo este ‘yo’ que transformó a aquel señor Shakyamuni en el Buda Shakyamuni.

Con este preámbulo empieza la primera sesión del ango y empiezo mi samu de godo. Os deseo a todas y todos una buena sesión, un Ango concentrado y profundo. Recuerden: buscar, hacer aparecer adentro de sí mismo, este ‘yo’ que transformó este ser humano Shakyamuni en el Buda Shakyamuni.

El viento y el florero

El viento afuera, durante el zazen de esta tarde, sopló hacia adentro del dojo. Sopló lo suficiente para mover las cortinas y hacer caer el florero desde lo alto del altar sobre la gran campana del dojo y luego hacia el suelo, vertiendo agua y flores, aunque sin romperse, algo inesperado. El Maestro Deshimaru, a la pregunta ¿qué es el zen? contestó: “el zen es la vida”. La vida es una sucesión de fenómenos que debemos observar, identificar, digerir, procesar. Es a través de estos fenómenos que podemos entender la profundidad de nuestra práctica. Entonces me sirvo del fenómeno ‘la caída del florero’ para hablarles de zazen, del espíritu de zazen.

El zazen que hemos recibido, transmitido del Maestro Kosen, empieza por aprender a no moverse, cuerpo, espíritu. El viento soplaba lo suficiente para hacer mover las cortinas. Zazen es no moverse, eso incluye las cortinas. El Maestro Dogen escribió un texto, el Fukanzazengi, en el cual explica de manera concreta cómo hacer zazen, cómo practicar zazen y sobre las condiciones que debemos crear para favorecer el zazen. De hecho, el Fukanzazengi empieza describiendo con detalles cómo debe ser el lugar donde se practica zazen, o sea el dojo; justamente, una de sus indicaciones es que en el dojo no pueden existir corrientes de aire.

Bueno, para hacer caer un florero no sé si puedo hablar de corriente de aire o de borrasca. Esa tarde antes de entrar en el dojo para el zazen, el viento ya soplaba con fuerza. Entonces mi pregunta es ¿por qué ocurrió este fenómeno? Siempre se puede decir: bueno, pasó eso, pero al final no hay más consecuencias, olvidémoslo. Pues no… o sí, si quieren, cada uno es libre. Me permito recordar que no mirar las consecuencias no pertenece al zen de Kosen, tampoco de Deshimaru, Sawaki, Dogen, Bodhidharma, Buda. ¿Se recuerdan del kusen de esta mañana sobre el despertar de Shakyamuni Buda, cuando él se da cuenta que su despertar no depende de su propia persona? Entonces, ¿por qué ocurrió este fenómeno?, ¿por qué ahora mismo mis hojas de kusen vuelan por el dojo, lo que no me ayuda en absoluto en mi samu? En lugar de hablar del por qué sucede un fenómeno, a menudo el ser humano hablara de error , y con el error llegara la culpa. De nuevo, esta actitud no es el zen transmitido. En lugar de hablar de error yo prefiero hablar de responsabilidad: ¿quién o qué tiene la responsabilidad de este fenómeno, ‘la caída del florero’?

Tengo cuatro propuestas aunque supongo que hay miles otras propuestas pero todas van a llegar a la misma conclusión. ¿Quién tiene la responsabilidad de la caída del florero? Primera propuesta, el viento. ¿Se cayó el florero por responsabilidad del viento?, entonces habrá que decirle al viento que no sople más o bien darle el rensaku porque ha molestado el zazen. Para los principiantes, el rensaku es un método de educación tradicional en el zen japonés utilizado para corregir comportamientos y actitudes que no son adecuadas. Suele consistir en dar sobre cada hombro una serie de diez golpes de kyosaku. ¿Habrá que dar el rensaku al viento entonces? Segunda propuesta: la monja joven shusso de esta sesión. ¿Se cayó el florero por negligencia de la shusso? La persona shusso es un discípulo o una discípula responsable de los demás discípulos y discípulas en el dojo, o sea, responsable de que el dojo tanto como los practicantes estén en condiciones para que podamos practicar zazen y, si hay enseñanza oral, poder oírla. Tercera propuesta: la monja, antigua esta vez, responsable del dojo durante esta sesión ¿Se cayó el florero por descuido del samu de esta monja? Ser responsable del dojo es una gran responsabilidad por consistir en entregar al shusso y a la sangha un dojo en perfecto estado para practicar. Obviamente esta responsabilidad va más allá de un tema de limpieza. Recuerdo haber hablado de esta responsabilidad en un kusen, aquí mismo durante el ango 2015, un kusen sobre ‘lo que se ve y lo que no se ve’. Cuarta propuesta, para terminar: ¿quizás el que tiene la responsabilidad de este suceso es el florero mismo porque no supo no moverse?

Ya que hablo de responsabilidad, hablo también de consecuencias. Hablo del encadenamiento de causas y efectos: viento, más sussho, más responsable del dojo, más florero. De hecho el florero hubiera debido romperse, lo que no hizo. Imaginen miles de pedazos de vidrio esparcidos por todas partes alrededor del altar y nosotros luego caminando descalzos en kin hin… Más fuerte todavía, imagínense que el florero fuese un objeto de gran valor, ahora obviamente no hablo de dinero, no hablo con un espíritu mercantil. Imagínense que este florero fuese un florero antiguo, algo que tiene doscientos, trescientos años… ¡Paf el florero! En pedazos. Realmente debemos tener el espíritu concentrado y volvernos siempre, siempre, responsable de sí mismo. De hecho, esta secuencia fue graciosa: cayéndose sobre la campana, ella hizo su trabajo, cumpliendo con su naturaleza de campana, entonces sonó. El monje responsable de la gran campana afuera del dojo, entendiendo la campana sonar se dijo: se acabó la primera parte del zazen entonces golpeó la campana y regresó al dojo, abriendo la puerta provocando algo de ruido. Es verdad, eso ocurrió, todos los presentes a este zazen lo saben. Es verdad también que esta sucesión de fenómenos es que es graciosa.

Pero la verdad es que no estamos aquí para divertirnos desde lo superficial, desde la falta de concentración. Cuando digo ‘imagínense el florero objeto de valor, imagínense miles de pedazos en el suelo’, uso estas palabras con criterio. El verdadero zen no trata de imaginarse lo que sea, el verdadero zen pide concentración repetida en cada instante. En el zen hablamos de la observación. Entonces para los próximos zazen les pido, con simplicidad, de cuidar con mucha atención todo lo que se debe cuidar: en el dojo, afuera del dojo, en vuestro samu, en vuestro compromiso, en vuestra toma de responsabilidad. Pónganse a la altura de vosotros mismos, vosotras mismas, sean exigentes. También pueden volver a leer el Fukanzazengi del Maestro Dogen esta noche en su carpa, antes de dormir.

Lo ven, aquí no hay ningún drama y, aunque hubiera drama, hay que ir más allá. No detenerse en una mera reacción que, al final viene del ego, el ego que de nuevo se aflige a sí mismo: ¡ay, cometí un error, perdón! Eso es Hinayana. El zen de Kosen es Mahayana, es emancipación total. ¡Cambien de vehículo y verán lo maravilloso de esta emancipación! Para hacer eso no es necesario ponerse presión; la presión que uno se pone es, de nuevo, ego. ¿Por qué y para qué ponerse presión si pasamos horas haciendo zazen, tratando de adquirir y mantener una respiración amplia, larga, profunda… entonces soltar la presión adentro de sí mismo? Solo se trata de saber ubicarse frente a lo que hacemos y practicarlo en todas las circunstancias de nuestra vida. Obviamente, aquí mismo en el templo Shobogenji es exactamente el lugar para practicarlo: enderecen la columna vertebral sin dejar caer su mentón hacia adelante, cansado o no da igual.

Hablando de mantener una práctica más concentrada, de concentración: tenemos la oportunidad de desarrollarla durante estos días, juntas y juntos, durante esta primer sesión. Les doy entonces el programa de esta primera sesión conmigo para que sepan a donde van: mañana dos zazen, uno por la mañana temprano, otro por la tarde. Por la noche descansaremos porque al día siguiente empieza la sesshin de noche. Sesshin es ‘tocar su espíritu’. La sesshin será de un día con cuatro zazen: dos por la mañana, uno por la tarde y uno, como ahora, después de cenar. Luego seguiremos practicando durante la noche: dos o tres zazen más, veré. Y al final de eso iremos a dormir, alrededor de las 4 de la mañana.

Este mismo día descansaremos., un descanso bienvenido. Por la noche, cena de fin de año y luego, ceremonia con Hannya Shingyo y golpes de gran campana a media noche, todas y todos juntos.

La sesión acabara con el primer zazen del año, el 1 de enero a las 11h de la mañana.

Entonces les propongo utilizar el fenómeno ‘caída del florero’ para profundizar su concentración y entender la responsabilidad que cada uno toma, viniendo aquí al templo practicar el autentico zen transmitido.

Preparación – Segundo día 29/12/2019

La virtud

Somos seres humanos, más bien somos una creación más entre todas las creaciones del universo. Siendo seres humanos, no estamos limitados a la conducta instintiva de los animales. Tenemos conciencia, auto conciencia, gozamos de esta facultad. Entonces, tenemos la posibilidad de elevarse. Les voy a hablar ahora de la virtud, de elevarnos hacia la virtud. A través de la meditación, durante esta sesión, durante este zazen, durante este Ango, pero también viviendo de manera responsable en la sociedad podemos consagrar nuestra vida a desarrollar la virtud. Quiero hablar de lo que es la virtud en el zen: los maestros del pasado hablan de la virtud y nos exhortan a llevar una vida de virtud ¿qué es la virtud? Los maestros del pasado, hablando de virtud, dicen “es la ciencia del bien”.

Aquí en esta sesión hay varios científicos. Podemos tener predisposición a desarrollar un espíritu científico pero no es suficiente, hay que trabajarlo, estudiarlo. Entonces digo que si los maestros hablan de ‘ciencia del bien’, esta palabra ‘ciencia’ pide estudiar. Pero ¿estudiar el bien: de qué se trata?

No estudiamos el bien si tenemos opiniones hechas sobre él o hablando de manera abstracta sobre él. Si estudiamos el bien debemos contemplar lo que el bien es efectivamente. Para mí, esta posibilidad de elevarse hacia la virtud es hacerse esta pregunta ¿qué hay por hacer de ‘bien’ en mi vida? Mucha gente piensa, de manera errónea, que nuestra práctica o el budismo de manera más amplia, es como una religión fatalista, pasiva, donde no hacemos nada sino observar su soplo, o sentarse bajo un árbol diciendo que todo es impermanente o también permanecer inmóvil mirándose el ombligo. Nuestro zazen no tiene vocación de ser una práctica de indiferencia pasiva insensible a lo exterior. Lo exterior es la sociedad. Yo pienso que nuestra práctica nos anima claramente a desarrollar la ciencia del bien. Sin ninguna duda, desarrollando la ciencia del bien en nuestra vida, esta se va a llenar de alegría. De hecho, sin alegría la vida religiosa es imposible. Entonces ¿cómo hacer para hacer aparecer, conseguir, esta alegría?

Es el resultado de un comportamiento, el de la ‘ciencia del bien’. Para ser verdaderamente alegres debemos ser altruistas y generosos. O sea, debemos hacer cosas, actuar para los demás. Miren, ¡eso corresponde exactamente al espíritu del samu! Imagínense una sociedad que tuviese como dirección este estado de espíritu: el altruismo, hacer cosas para los demás. Imagínense si los gobiernos fuesen movidos por este espíritu. Esta alegría de la cual hablo nace de la generosidad desinteresada, aquella que no pide ni recompensa ni reconocimiento a cambio: mushotoku, profundamente mushotoku. Si damos esperando algo a cambio, nunca vamos a percibir alegría por el hecho de dar y siempre vamos a sentir insatisfacción ¿Por qué? Porque la alegría de dar, de amar, de ser capaz de hacer el bien, de ayudar a los demás, esta alegría se ubica más allá del egoísmo.

Maestro Dogen nos dijo: “olvidarse de sí mismo”, “abandonar el ego”. La certificación universal pasa por eso. Pienso que, habiendo nacido bajo esta forma de ser humano, más aún para nosotras y nosotros aquí reunidos, es un honor poder hacer algo para los demás y orientar con conciencia su vida hacia el bien, hacia el bien para los demás. Eso es totalmente lo opuesto a aprovecharse de la gente y de la sociedad. ¿Cuántas parejas, en lugar de desarrollar amor, llevan una relación de aprovechamiento? Digo eso como un ejemplo dentro de miles de otros ejemplos posibles.

Entonces, es eso la virtud, es eso la ciencia del bien: nosotros humanos tenemos la posibilidad, aquí- ahora y en cada aquí- ahora de nuestras vidas, de elevarnos, de elevar nuestra conciencia hacia la virtud. ¡Hagan la experiencia durante este ango y no más tarde que ya, saliendo de zazen! Esta conducta de virtud infaliblemente nos trae un sentimiento de alegría y de respeto de sí mismo. Cumplimos con nuestro papel cósmico y eso es totalmente digno de respeto. Además, cuando empezamos a respetarnos a nosotros mismos, sentimos respeto hacia los demás: percibimos la interdependencia. No estamos separados, sentimos respeto por el derecho de los demás a existir, tal como son, y así podemos ayudarlos a ellos también a elevar su vida hacia una dimensión divina. Ya no hay más crítica, no juzgamos: respetamos a la gente tal como son y les ayudamos a cambiar su karma, a ´no pasar su vida en vano´.

Obviamente no hablo de gentileza superficial, no hablo de máscara. En una entrevista de TV en Chile me preguntaron: pero la meditación ¿de qué sirve? Contesté espontáneamente que la meditación hace caer las máscaras. Entonces, no hablo de una fachada de bondad: hablo de virtud como algo penetrante, algo totalmente íntimo. Para practicar eso debemos trabajar sobre nosotros mismos. Esta ‘ciencia de bien’ la enseñamos porque se vuelve el fruto de la responsabilidad personal, el fruto de un alto conocimiento de sí mismo. Volverse un ser de virtud: para eso debemos manifestar sabiduría, sensibilidad, receptividad e inteligencia.

Virtud, ciencia del bien: concretamente es vivir sin crear miedo ni en su propio espíritu, ni en el espíritu de las personas que nos rodean: pareja, familia, trabajo, comunidad espiritual. Por tan mala o corrupta que pueda ser una sociedad injusta, los eventos en Chile nos lo enseñan, no puede cambiar nuestra capacidad de vivir con virtud y, por consecuencia, hacer el bien. Ahora que estamos acabando el año 2019, reflexionen, si quieren, sobre esta conducta, no se dejen llevar por la mediocridad y las tinieblas que vemos alrededor de nosotros.

Recuerden, el bodhisattva va donde existen sufrimientos y dificultades y ahí pone en acción su voto de liberar, de ayudar, de hacer pasar a la gente que está en la ignorancia y en el sufrimiento. Recuerden que, sean las que sean vuestras condiciones de vida, nosotros aquí presente -sino no estaríamos aquí- de la más antigua, antiguo practicante hasta la persona totalmente principiante, todos y todas somos capaces de vivir, de llevar una vida orientada hacia la ciencia del bien y por consecuencia ayudar a los demás. Mantengan eso muy fuerte, muy presente en vuestra vida cotidiana.

La sociedad, la humanidad, precisa gente como nosotros. A eso yo lo llamo responsabilidad cósmica.

Sesshin 30/12/2019

Zazen 7.30 hs

Tormenta.

La primera Noble Verdad

El kusen de esta sesión de fin de año 2019 con sesshin de noche en el Templo Shobogenji de la Kosen Sangha va a tratar de Las Cuatro Nobles Verdades. Para eso me ayudare de las enseñanzas del Maestro Kosen y de los Maestros Deshimaru, Sawaki y Dogen como también de enseñanzas de otros monjes budistas tailandeses, conocidos como ‘los monjes del bosque’. Estos pertenecen a una antigua tradición de monjes contemplativos, ascéticos, que viven solos en el bosque profundo.

Cuando el Buda realiza el despertar estaba sentado en zazen bajo un gran ficus, llamado ahora árbol de la bodhi, eso todos lo sabemos. Es importante: el Buda está en zazen, como nosotros ahora. Entonces, obteniendo el despertar ¿qué pasó? El Buda se dijo: “Bueno, lo que acabo de descubrir casi nadie podrá entenderlo porque es demasiado sutil, entonces no vale la pena transmitirlo. Voy a quedarme, dice Buda, así simplemente sentado en zazen bajo este árbol”. En este momento el Dios de la compasión universal, Brahmasamapatti, aparece y le dice: “- Algunas personas aquí — aquí es este mundo — solo llevan un poco de polvo sobre sus ojos. Enseña el Dharma para el bien de estos seres”. En el zen estos seres con un poco de polvo sobre sus ojos los llamamos los seres sensibles, los buscadores de la vía. Nosotras y nosotros hacemos parte de ellos.

Entonces el Buda se dijo: “Bueno finalmente si puedo contribuir en eso, ¿de qué me sirve quedarme sentado así solo bajo este árbol?” En eso yo veo el origen de la transmisión: el Buda dice: ‘ok, voy a enseñar’. Esta transmisión llegó hasta nosotros con, por ejemplo, la tradición del kusen, la enseñanza oral durante zazen. El Buda se dijo: “Voy a transmitirlo. Pero ¿a quién?, ¿a quién voy a dar esta enseñanza? Si es tan sutil, nadie lo va a entender”. En ese momento el Buda recordó que, antes, él practicaba el ascetismo más global, más total, hasta volverse esquelético. Estaba en aquella época en Benarés con sus amigos ascetas, cinco en total. Pero cuando el Buda se dio cuenta que la práctica del ascetismo no llevaba a la liberación, paró de no alimentarse y sus cinco amigos que lo admiraban por su fuerza, lo dejaron: cuando lo vieron comer y beber, lo repudiaron.

Entonces una vez despierto, tal como dije al principio de esta sesión, el señor Shakyamuni se volvió Buda Shakyamuni. Y se dijo: “Bueno, voy a regresar a Benarés a encontrarme con mis cinco amigos, aquellos que me repudiaron”. Pensaba que quizás estos hombres puedan entender lo que él acaba de descubrir. De hecho, cuando estos cinco ascetas lo vieron, entendieron a primera mirada que éste había realizado algo muy profundo, algo muy crucial. Y ahí tenemos el origen de las cuatro Nobles Verdades, es así que el Buda dio su primer sermón sobre las cuatro Nobles Verdades en un parque en Benarés. Este sermón es conocido ahora como el Dharmakaya Sutra.

Este sermón es una enseñanza que cada uno debe realizar, asir, porque son instrucciones concretas para alcanzar la realización, es una mirada directa sobre las cosas tales como son.

Empiezo en este zazen con la primera Noble Verdad — no os mováis por favor. Hacemos todas y todos la experiencia de la insatisfacción, del descontento, de la pena, del dolor físico y afectivo, del sufrimiento. Todo eso tiene un nombre en sánscrito: Dukha. Esta experiencia, ‘dukha’, nosotros humanos la hacemos de manera directa. O sea, estamos confrontados a ella a cada momento. Por ejemplo, vamos a ver durante esta sesshin, especialmente durante la sesshin de noche, los diferentes estados anímicos a través de los cuáles todos vamos a pasar: a veces la insatisfacción durante el zazen, porque nos aburrimos, a veces el descontento porque el kusen es pesado, o el sufrimiento porque duele el cuerpo, también lo inaguantable de nuestro parloteo mental, etcétera.

La primera Noble Verdad dice que las cosas siempre son incompletas o imperfectas aun cuando llevamos todo lo que necesitamos, aun cuando tenemos todo lo que podemos desear. Por ejemplo, aquí- ahora en el dojo, todos podemos hacer zazen y practicar este saber transmitido, esta práctica milenaria. Sin embargo, durante esta sesshin, de un momento a otro, no vamos a valorarlo tal como es y entraremos en la queja, en el conflicto. Entonces este sufrimiento, ‘dukha’, es como una angustia existencial, una manera de angustia que siente cada ser humano.

Insisto, incluso cuando el humano lo tiene todo y que su vida es bella: “¡Ay, hoy llueve, que desgracia!”. Entonces podemos ser infelices ‘a causa de’, ‘por culpa de’, pero creemos que si nos sacamos de encima este ‘a causa de’, este ‘por culpa de’, seremos felices. Pues no, no es el caso.

Estamos en una situación muy limitada: en un cuerpo ligado a la tierra, un cuerpo sometido al dolor, al placer, a lo caliente, a lo frío, es un cuerpo que envejece, cuyos sentidos se debilitan, un cuerpo que conoce la enfermedad y que acaba por morir. Eso hay que decirlo, hay que ser conscientes de eso y es verdad, la muerte nos espera. Pero aunque pueda aparecer en cualquier momento, ley de la impermanencia, preferimos no pensar en eso. Preferimos no mirar esa evidencia de frente, esta pregunta fundamental de la vida y de la muerte, la pregunta más importante.

La primera Noble Verdad no es una doctrina, no es un dogma, es como un dedo que enseña la realidad, es mirar las cosas tal como son, de cara a cara. Si con nuestro dedo enseñamos algo es que estamos mirando ese algo. Ya conocemos la historia: el sabio con su dedo enseña la luna y el ignorante mira el dedo del sabio. Entonces la primera Noble Verdad no dice, eso es importante, no dice que todo es triste, deprimente, repugnante. O sea, no es una enseñanza negativa. La primera Noble Verdad no dice que todo es sufrimiento. La primera Noble Verdad dice que existe el sufrimiento. Es el Buda que lo dice, así que podemos tenerle confianza, ¿no? Es una verdad: el sufrimiento existe.

Entonces y de nuevo, la responsabilidad cósmica: no podemos hacer llevar la responsabilidad de este sufrimiento al exterior. El exterior ahí es nuestros padres, nuestra pareja, nuestros amigos, nuestro trabajo, el gobierno que dirige el país en el cuál vivimos. La lista es infinita. En zazen observamos este sufrimiento que está aquí presente en nuestra mente. Es la primera Noble Verdad: existe el sufrimiento adentro de la mente del ser humano.

Debemos darnos cuenta que este sufrimiento, somos nosotros que lo mantenemos. Entonces si mantenemos algo es por decisión propia, conscientemente o no. Pero… si es algo que se mantiene entonces es algo que se puede parar de mantener. Eso vamos a verlo en los zazen siguientes. Gracias a la enseñanza del Buda Shakyamuni, nos damos cuenta que existen adentro de nosotros sufrimientos.

¿Qué vamos a hacer de eso?, ¿cómo lidiar con él?, ¿cómo manejarlo para liberarse de él?

La segunda Noble Verdad

El sufrimiento en general, del que hablé esta mañana, dukha, bajo todas sus múltiples expresiones, tiene origen. Realizamos, tomamos conciencia que este sufrimiento es una condición que aparece. Entonces es esencial focalizarnos sobre el origen y no sobre los aspectos que toma este sufrimiento. Lo dije esta mañana: no es que todo es sufrimiento o que hay infelicidad permanente, no se trata de eso. Es más bien que existe una angustia que cada ser humano siente dado sus límites en tanto que ser humano. Concretamente, cuando examinamos, cuando observamos el sufrimiento de esta manera, quiero decir mirando su origen, está claro que tomamos conciencia de nuestros propios límites, nuestras limitaciones, como también de las cosas a las cuales estamos atados o seguimos atándonos. Nos atamos en el sentido de encadenarse a algo. ¿Se acuerdan, en el zazen de la mañana dije que podemos darnos cuenta que este sufrimiento lo mantenemos?: son esas las cosas a las cuales cada uno se encadena. El primer sujeto de observación es nuestro cuerpo y, de hecho, cuando llegamos por primera vez a un dojo, la primera cosa que nos enseñan es algo que tiene que ver con el cuerpo: es la postura de meditación, zazen.

Nuestro cuerpo sigue la ley de la naturaleza: nace, crece, envejece y muere. En eso no hay nada personal pero el ser humano lo considera de esta manera, como algo personal. Quiero decir, algo personal: es mi cuerpo, mi cara bonita, mi busto, mis cabellos, mis ojos, mi trasero… todo lo que quieran.

Sin embargo, el Maestro Kodo Sawaki habla del cuerpo en estos términos: “esta vieja bolsa de piel que pierde por todos sus orificios”. Llega a hablar del cuerpo como “este nido de bacterias”. Pensar que el cuerpo en el cual vivimos es personal, pues este nido de bacteria, esta bolsa de piel que pierde por todos sus orificios, es mío ¡qué poesía! ¿Mi cara no me gusta? Sin embargo, mi cara es como es en este momento, ahí también, nada de personal. Pertenece a la naturaleza y sigue su ley. Entonces, mi cuerpo es tal como es. Si me identifico menos a él, voy a crear menos problemas ligados a él: la segunda Noble Verdad nos anima a no focalizarnos sobre las ideas que nos hemos forjado al respecto de todo, pero más bien nos anima a considerar el origen de ellas.

En nuestro vocabulario zen es: regresar a la raíz. El origen es la raíz. Los aspectos del sufrimiento son las ramas. Regresar a la raíz, y como la raíz no existe sino adentro de uno mismo, hablamos de girar su mirada hacia el interior. Bueno, en nuestra sociedad actual y más bien desde siglos diría, no miramos lo que se sitúa en el origen: miren la medicina como ejemplo de curar los efectos sin preocuparse de las causas. Igual con las terapias de bienestar que florecen hoy en día pero que no tratan el origen de las disfunciones observables por falta de comprensión global del ser humano. Eso existe porque la persona que cura no se entiende a sí misma, no hizo ese trabajo de comprensión de sí mismo. Con esta manera de vivir lo que miramos, sea lo que sea, es binario, es polar: de nuevo la polaridad, de nuevo la dualidad: o me gusta y lo acepto o no me gusta y lo rechazo.

Entonces, más bien nosotras y nosotros debemos estar despiertos y este despertar empieza por estar atentos ¿Atentos a qué? Insisto, no a las ramas, no a las formas múltiples, a las expresiones múltiples del sufrimiento. Debemos estar atentos al origen del sufrimiento, a considerar cuándo empieza el momento de su aparición. La segunda Noble Verdad nos dice que el sufrimiento tiene origen. Si tiene origen es que nace de algo, estamos todos de acuerdo. Entonces ¿de qué nace?

Pues este origen, este principio está identificado. Es realmente importante tenerlo en cuenta a cada momento de nuestra vida. Este principio nace de tres tipos de deseos: el deseo orientado hacia los placeres, el deseo orientado hacia querer volverse algo o alguien y el deseo orientado hacia querer sacarse algo de encima, deshacerse de algo. Estos tres deseos los vemos en acción a lo largo de nuestra vida cotidiana, quizás ahora durante nuestra inmovilidad en zazen.

Ejemplos: durante este zazen me estoy aburriendo, entonces desarrollo una reacción; voy a buscar algo para ‘divertirme’, empezar a pensar, a imaginar, a elucubrar, a vagabundear en mi mental. De paso, eso ya no es zazen… Pasa lo mismo en mi vida cotidiana: “ay, me aburro”, entonces, de nuevo la reacción: voy a buscar ‘algo’, algo para comer, para beber, para fumar, alguien con quién hablar para no decir monologar, mirar películas para ‘divertirme’… Ese es el deseo ligado al placer de los sentidos.

Consagro mi vida a volverme alguien famoso, gozar de reputación, por ejemplo un gran deportista, un músico de renombre, un famoso chef de cocina, un maestro zen. Eso es el deseo ligado a querer volverse algo o alguien especial. El tercer deseo es el deseo de querer deshacerse de algo o sea el deseo de olvidar. Pero es imposible porque apenas nos despertamos por la mañana todo regresa y empezamos de nuevo, de nuevo, de nuevo, ‘encore, encore y encore’, como en la canción del Maestro Kosen, ‘este sentimiento de libertad’. Este tercer tipo de deseo es el deseo de deshacerse de una condición mental que no nos gusta, más bien que no le gusta a nuestro ego.

Estos tres tipos de deseos tienen un principio o sea aparecen en un cierto momento dado. Entonces, no son cualidades eternas, no son permanentes. Estos deseos no son la realidad última de la cual habla el zen, porque si hay principio necesariamente hay un fin.

La tercera Noble Verdad

A medida que la noche toma su espacio e invade todo, al igual en nosotras y nosotros en zazen: insisto en no luchar, en dejarse invadir por zazen. Ahora la noche lo engloba todo, llena todo. Adentro de cada uno, igual este zazen toma todo su espacio, libremente.

Sigo con el kusen, ahora, la tercera Noble Verdad. Esta tercera Noble Verdad es la verdad del cese: el sufrimiento puede cesar, parar, acabar, terminar. Es una verdad, eso lo dice el Buda. El sufrimiento bajo sus múltiples aspectos puede cesar o más bien somos capaces, nosotros seres humanos, de hacer cesar nuestro propio sufrimiento. No sé cómo fue para vosotros, pero cuando yo empecé zazen y escuché eso, fue una información maravillosa. “¡Ah! puedo hacer parar el sufrimiento que siento, que se expresa en mí, ¡Qué noticia más sublime!”. Entonces en lugar de seguir impulsivamente nuestros deseos hasta volvernos el objeto mismo de esos deseos, dejamos pasar. Dejamos pasar porque entendemos que eso acabará por cesar si no lo alimentamos. Ven que es exactamente la actitud mental preconizada durante el zazen: no entretener sus pensamientos, ahora mismo, no alimentarlos, dejar pasar, regresando aquí y ahora la conciencia de la postura física y la respiración amplia, profunda. La única prueba de que estamos vivos es la respiración.

Esta comprensión del cese del sufrimiento hace parte de un proceso de maduración emocional. Cuando empezamos a mirar las cosas que nos pasan, que nos ocurren en nuestra vida, cuando empezamos a mirarlas desde más cerca, desde lo íntimo, y entender cómo funcionan, o sea, cuando observamos el cese, pues la sabiduría aparece. Practicando el ‘dejar pasar’ poco a poco sentimos adentro de sí mismo una paz profunda, para mí idéntica, igual a la que sentimos después de zazen, después de una sesshin. Practicar el ‘dejar pasar’ es una decisión, por eso hablo de madurar emocionalmente. Si permitimos a todas las cosas cesar naturalmente, sin querer suprimirlas, pues obtenemos un estado de calma, de claridad mental, un estado de paz interior totalmente imposible de conocer si pasamos nuestro tiempo de vida corriendo detrás de algo. Yo pienso que esta tercera Noble Verdad, ‘el cese del sufrimiento’, describe muy bien nuestra meditación, nuestro zazen. Nos sentamos en zazen y, si puedo decirlo así, aguantamos con paciencia la postura y muy rápidamente constatamos que nuestra mente, nuestro espíritu, llega a un estado de calma. Entonces esta calma aparece, quizás me repito, porque no tratamos más de volvernos algo o de deshacernos de algo.

No moverse es parar la lucha, decir stop a esa lucha para volverse algo, para obtener una satisfacción sensorial o por sacarse de encima circunstancias que no nos gustan. Ahora estamos todas y todos en zazen, practicando el zen auténtico transmitido. Este zen transmitido empieza por la observación de sí mismo, eso nos lo dijo el Maestro Dogen. Y es lo que estamos suponiendo hacer ahora mismo, practicar la observación de sí mismo. Cuando observamos las condiciones del cuerpo y del espíritu como ahora en zazen, realizamos que van y vienen, que cambian, eso sí, sin parar, o sea nada fijo, pertenecen a la impermanencia.

Dicho de otro modo, estas condiciones cuerpo, mente, no tienen sustancia. No son yo, tampoco son mías. Estas condiciones de las que hablo pueden ser del dominio físico, pueden ser físicas, por ejemplo, lo que ven los ojos, lo que oyen las orejas, los olores con la nariz, el sabor con la lengua, el cuerpo con las sensaciones táctiles. De hecho, eso lo cantamos cada mañana, ¡bueno aquellas personas que vienen al dojo por las mañanas! Lo cantamos en el Hannya Shingyo: los cinco skandhas carecen de sustancia “gen ni bi ze…”. Entonces, estas condiciones pueden ser físicas, pero ahora los sentidos no los usamos, en zazen pusimos todo en standby, estamos en otra dimensión. Estas condiciones también incluyen la mente con sus pensamientos, sus recuerdos: “¡ah, era tan bonito!” o su contrario: “¡era tan infernal!” Pero era y nosotros, somos.

Pensamientos, recuerdos, percepciones mentales, conceptos, todas estas condiciones físicas tanto como mentales cambian sin parar, entonces no son yo. Es esa la tercera Noble Verdad, es la de concretizar la verdad del cese del sufrimiento. La enseñanza del Buda transmite lo que es, lo nacido, y eso lo percibimos a través de zazen. Cuando me preguntan qué es la meditación zen, claro que hay miles de maneras de contestar, entre las cuales está: ‘la meditación zen es una mirada directa sobre lo que es’. Los fenómenos de la vida, los fenómenos dentro de nuestra vida aparecen, luego desaparecen, son para nosotros fuentes de sufrimientos pero estos sufrimientos tienen un principio, entonces un fin.

¿Por qué? Porque todas estas condiciones no son yo. Recuerdan que las enseñanzas del Buda, como lo es la tercera Noble Verdad, son indicaciones para ayudarnos a nosotros humanos a vivir de verdad, a vivir en la verdad. Nos ayudan a parar de identificarnos a lo exterior, a algo sin sustancia, sin noúmeno, a veces de manera inconsciente o, más bien diría, involuntaria. Estar presos de los condicionamientos que hemos recibimos cuando éramos bebe, durante nuestra niñez, durante la adolescencia, seguir prisioneros de la imagen que queremos dar a los demás: realmente todo eso no es el camino de liberación.

Ser claro consigo mismo y no malgastar el tiempo de vida porque realmente es muy corto todo esto.

La cuarta Noble Verdad

Sigo con el kusen: ahora la cuarta Noble Verdad. Como se dieron cuenta, trato de una Noble Verdad por zazen. Menos mal que el Buda no desarrolló diez Nobles Verdades porque necesitaría diez zazen seguidos. Un poco de humor a estas horas de la noche siempre se agradece, ¿no?

La cuarta Noble Verdad es conocida bajo el nombre de “El Noble Sendero Óctuple”. Lo contrario de noble es vulgar. ¿Quién quiere vivir en la vulgaridad? Nadie.

Sendero óctuplo, ocho direcciones. La cuarta Noble Verdad es el modo operatorio para poner concretamente en acción las tres primeras Nobles Verdades. Comporta un orden: empieza por la visión justa. La visión justa se desarrolla cuando hemos visto y hecho la experiencia del cese del sufrimiento. Por ejemplo, los dolores del cuerpo en postura de zazen; por ejemplo, la impaciencia de la mente en postura de zazen. Para tener la visión justa, es simple, así nos lo dice el Maestro Dogen: basta con estar atentos a cada momento, practicando la observación de sí mismo. Estar atentos a cada momento no es solamente en el dojo durante zazen: practicar la observación de sí mismo no es sino una experiencia íntima, directa. No es un concepto, no se trata de creer en algo.

La segunda rama de este sendero es la actitud justa, llamada también intención justa. Es lo que proyectamos: cuando funcionamos con la visión justa, la intención se orienta hacia la liberación. Tal vez seguimos sintiendo adentro de sí mismo impulsos tipo “ojalá termine este zazen para fumarme un cigarrillo, o ir a la cama, …”, sentimos tendencias ligadas a nuestros hábitos, como duda, inquietud, ira, miedo, crítica, y todo eso nos frena, nos tira hacia atrás. Pero sabemos reconocer estos impulsos entonces no podemos más continuar mintiéndonos a nosotros mismos. En nuestra práctica eso se llama la maravillosa emancipación. Emanciparse quiere decir recobrar el uso de sus manos para sí mismo. Esa emancipación es parar de ser alguien o algo. Es volverse, con humildad, totalmente auténtico.

Las dos primeras direcciones, visión justa y actitud justa, constituyen la sabiduría, ‘pana’ en sánscrito. Estas dos llevan a las tres actitudes nobles siguientes, por eso hablé de una progresión. Estas tres siguientes actitudes nobles, de hecho, representan el lado ético de nuestra práctica: la palabra justa, la acción justa y el medio justo. Palabra justa se entiende fácilmente, remite a lo que sale de nuestra boca. Acción justa se entiende fácilmente también, es no crear karma. Pero medio justo, ¿qué es? Aquí yo diría el medio justo de ganar su vida, pero no hablo de ganar dinero, de ganar lo que sea. Hablo de ganar su vida, de alcanzarla, de hacerse con su vida. Estas tres actitudes nobles: palabra, acción y medios justos, en sánscrito ‘sila’, significan hacer el bien y abstenerse de hacer el mal, en acción tanto como en palabra. Cuando funcionamos con la vista justa y la actitud justa eso se vuelve natural porque no tenemos más ganas de utilizar el cuerpo y la palabra para hacer daño a los demás y tampoco a sí mismo.

Cuando tenemos la vista justa y la actitud justa, cuando funcionamos con ellas, no vamos a abusar ni de su propio cuerpo ni del cuerpo de otro, no vamos a provocar daños intencionalmente a los demás porque definitivamente nos sentimos responsables. Es lo que yo llamo la responsabilidad cósmica: no robamos más, no provocamos el mal, no abusamos de nadie, no mentimos. Eso provoca que no haya más lamentos, que no haya más culpabilidad. En este momento vivimos en la calma interior y en la humildad. Eso se llama abandonar su ego.

Es a partir de este sentimiento de paz interior, este sentimiento de libertad que nos enseñó el Maestro Kosen, que se desarrollan el sexto, séptimo y octavo aspecto del sendero óctuple: el esfuerzo justo, la atención justa y la concentración justa, el samadhi. Hago un paréntesis sin querer en absoluto criticar, el esfuerzo justo quizás el dojo de Buenos Aires no lo entendió y lo digo con mucha compasión: no se puede no ver que no están presentes a esta primera sesión del ango. Sabemos que zazen no es à la carte. Tengo fe que nuestro esfuerzo justo, esfuerzo de todas y todos hoy en esta sesshin, sirva para influenciar positivamente a nuestras compañeras y compañeros porteños. -¿Bueno, aquí tenemos dos practicantes de este dojo, bravo!

Tengo un ejemplo para ilustrar la cuarta Noble Verdad. Para mí, es exactamente como aprender a caminar. Miren bien, es exactamente lo que cada ser humano aprende más allá de su condición, quiero decir, más allá de su condición de nacimiento. Empezamos siempre por perder el equilibrio y caer, pero es en este proceso que desarrollamos la fuerza. El bebé aprende a caminar apoyándose en sus padres y luego en los muebles que lo rodean. Se cae, se hace daño, llora, pero vuelve a empezar, sigue, sigue, sigue hasta encontrar el equilibrio, sigue hasta encontrar su propio equilibrio. Lo hemos hecho todas y todos. Poco a poco el bebé consigue hacer dos pasos, luego diez, luego empieza a caminar y finalmente a correr. Nunca se desanimó porque está simplemente siguiendo el orden cósmico.

Entonces, la ‘moralidad’, la ética personal, es la manera de cómo uno se comporta, es la manera de cómo vivimos la vida, es la manera de cómo utilizamos nuestro cuerpo y nuestra palabra. El Samadhi es el equilibrio de las emociones, cuando el amor es libre de todo sentimiento egoísta, cuando el amor es libre del deseo de obtener algo de alguien. El Samadhi genera alegría y amor: no somos más indiferentes, somos equilibrados tal como el bebé que, a fuerza de esfuerzo, encuentra su equilibrio. Pana, la sabiduría, es el hecho de conocer la verdad, la armonía, cuerpo-espíritu unido, la armonía entre tres fuerzas que son la materia, las emociones y el intelecto. Estas tres fuerzas, en lugar de vivir en conflicto, van juntas de la mano y se ayudan entre sí. Practicar zazen es eso, es encontrar su equilibrio físico y emocional.

Es cuando hemos encontrado nuestro equilibro que podemos caminar, correr, saltar en la vida porque estamos libres. Es eso que hemos recibido, desde el Buda Shakyamuni hasta el Maestro Kosen. Este templo es la manifestación de la libertad, así como el templo Yujo Nyusanji en Europa: la manifestación del ser libre, la manifestación de la libertad más allá. ¿Cómo no agradecer, cómo no ser agradecido? ¡Eso bien vale las pequeñas molestias físicas que podemos experimentar ahora a la una de la mañana, en zazen!

Dos zazenes más en silencio. La sesshin terminó a las 3.45 am del 31/12/2020.

Primer zazen del 2020

Primer zazen del año 2020, aquí y ahora juntos en el dojo del templo Shobogenji.

Cuando recibimos la ordenación, por pedirla, recibimos los preceptos. Son diez preceptos que constituyen un marco de vida, son indicaciones de cómo podemos llevar nuestra vida. Uno de los preceptos es el don, dar, no ser avaro, practicar el fuse. Tradicionalmente, después del primer zazen del año, organizamos en los templos zen una ceremonia llamada “Ceremonia de Fuse”. Concretamente durante el Hannya Shingyo, cada uno vendrá delante del altar y dejará en una cesta un sobre con su fuse; este fuse se entregará a la Maestra Dosei como responsable del templo Shobogenji. Es un fuse, un don entonces, para ayudar al templo, para contribuir a la prosperidad de la misión del Maestro Kosen aquí.

Pero el fuse no hay que verlo solamente como algo material: el fuse es también espiritual. Yo pienso que aquí todos y todas, viniendo a esta primera sesión, hemos manifestado un fuse espiritual. Lo mencioné durante la sesshin, hablando del esfuerzo justo. Entonces, a lo largo de nuestra vida cotidiana debemos seguir practicando este fuse espiritual: seguir zazen, abrir zazen a los demás para ayudar, ayudar a los demás a conocer lo que nosotros conocemos y practicamos: zazen, esta vía de liberación.

Después de la ceremonia de fuse se acabará la primera sesión y por mi parte se acabara mi primer samu del ango, dejando lugar y espacio a la Maestra Dosei para la segunda sesión. Quiero aprovechar para agradecer a todas y a todos por su fuse de energía, su fuse de samu, eso que todos hemos hecho durante esta sesión. Este fuse de cada uno sirve a la comunidad y es eso quizás el don más grande que podemos hacer. Hablo de dar nuestro tiempo, dar nuestra energía para un proyecto global, un gran proyecto espiritual que consiste, ni más ni menos, en atravesar juntos. Atravesar, ir a la otra orilla y de ahí poder regresar y hacer pasar a la gente de una orilla a la otra, atravesar el corriente de la vida hacia la orilla del Satori. Para las personas que siguen en la segunda sesión, continuemos con este espíritu. Para las personas que regresan ahora en su vida cotidiana, en la ciudad, en la sociedad, por favor, ¡no pierdan vuestra dimensión! Realmente la humanidad nos precisa. Cada uno a su nivel, cada uno en su lugar, todos podemos hacer algo para el bien de la humanidad. Así que, consideren que la sesshin empieza ahora para mantenerse a lo largo de este nuevo año.