Primera sesión
Reducir el ego humano
Doy la bienvenida a todas y todos, nosotras, nosotros, aquí en el Templo Shobogenji. Agradezco al Maestro Kosen y a la Maestra Dosei por brindarme una nueva oportunidad de sentarme aquí y practicar aquel zen auténtico transmitido y poder hacerles disfrutar de mi experiencia. En este zen auténtico transmitido que estamos practicando aquí y ahora, la esencia de la educación es la de reducir el ego humano. Este ego es el único responsable de todas las crisis de civilización, y quizás por tanto egoísmo tomado como ideal de vivir, el ser humano acabará desapareciendo del planeta.
El egoísmo crea enfermedades, el egoísmo nos encierra en la tristeza, el egoísmo es peligroso y es difícil de cortar. El Maestro Deshimaru nos dice que “la verdadera felicidad puede obtenerse”, lo que es una buena noticia. La manera de obtenerla es solamente a través del abandono de su ego. Bien, para abandonar algo debemos ser conscientes de este algo: eso es “estudiarse a sí mismo”, según el Maestro Dogen. Estudiarse a sí mismo es estudiar su ego, estudiar su ego es “olvidarse de sí mismo”, todavía según Dogen.
Querer, sí o sí, realizar sus propios deseos es conducirse como si fuéramos ciegos. Una persona ciega mantiene interacción con lo exterior aunque le falta un sentido y puede compensar desarrollando los otros sentidos. Tenemos muchos ejemplos de grandes músicos ciegos. Pero aquí no hablo de ser ciego en relación con lo exterior. En zazen nos encontramos solos. No hablo de una soledad mundana, en relación con lo exterior, en relación con los demás: “estoy solo porque mi pareja me dejó”, “estoy solo porque nadie me entiende”, “estoy solo porque nadie me quiere”… también “estoy solo porque no quiero a los demás”. Todo eso es en relación con lo exterior. Zazen es estudiarse a sí mismo: hablo de estar solo frente a sí mismo. Es una decisión personal, interior, íntima. Ser ciego dentro de sí mismo es no ver la perla brillante, la que todos llevamos. Hoy somos unas cuarenta personas sentadas en zazen en el dojo: podemos pensar que somos cuarenta personas que justamente quieren cultivar la perla brillante. Abandonar su ego influencia no solamente a uno mismo sino también a todas las existencias.
Concretamente, para nosotros, que nos quedamos cinco o cuarenta y cinco días, el primer campo de aplicación de ‘abandonar su ego’ se sitúa aquí en el templo, con la sangha, en su samu, en las relaciones con los demás y en relación con su propio estado de espíritu. Les recuerdo que el único momento donde se expresa la vida es aquí y ahora. Entonces os propongo estar totalmente conscientes de este aquí y ahora en cada día, en cada momento de nuestra presencia en el templo, tal como si de punto de kesa se tratara: un punto y luego otro y luego otro y al final, una línea, una sucesión de aquí y ahora. Este aquí y ahora lo encontraremos, lo haremos vivir desde adentro de uno mismo.
Practicar juntos este nuevo Ango como una sucesión consciente de aquí y ahora.
Tres compromisos con la práctica
Esta sesión, con sesshin de noche mañana, es la última de este año dos mil dieciocho. En un año cada uno de nosotros ha podido ver, experimentar, lo impermanente de la vida, lo impermanente acompañado de sus sufrimientos. Entre las dificultades de salud, los seres queridos que acabaron su existencia con nosotros, entre lo efímero de las relaciones humanas, especialmente de parejas, los cambios impuestos desde lo exterior, por ejemplo políticas derechistas ultraliberales y sus consecuencias negativas en el día a día de cada uno… esta impermanencia, ley aquí en este mundo, en esta dimensión, nos pide una reflexión sincera sobre el compromiso de cada uno en su práctica. Peso mis palabras: hablo de una reflexión sincera. La auténtica sinceridad existe solo cuando brota desde lo íntimo de cada uno. Si no es sinceridad es fachada, es una máscara, otra máscara.
Podemos situar este compromiso de cada uno en su práctica en tres aspectos, tres dimensiones que practicamos a la vez, al mismo tiempo, ahora sentados: una dimensión personal, personal en el sentido de interior, intima, no personal de egoísta; una dimensión que sale desde adentro hacia los demás; y una dimensión más cósmica, más universal. Os explico cómo lo entiendo: compromiso personal es la base, es un pilar de nuestra práctica. El compromiso personal para mí, tiene que ver con en qué dimensión me sitúo y ubico mi propia vida: ¿practico como un ‘buda para sí mismo’ o practico como un ‘buda universal’? ¿Practico de verdad los preceptos, los preceptos a los cuales hemos dicho en público ‘sí, sí, sí’? Es una observación para todas y todos sabiendo que habrá ordenaciones en la tercera sesión: ¿me comporto como un buda para sí mismo o como un buda universal? ¿Enfoco mi práctica hacia mí, hacia mi yo, o abandono este yo y practico desde una dimensión más global?
El compromiso con los demás para mí no es ni más ni menos que el compromiso de cada uno en relación con la sangha, la comunidad que practica zazen, entonces nosotros aquí. Recuerdo que la sangha constituye el tercer tesoro del zen. Entonces ¿en qué mi compromiso se refleja en mi ayuda hacia los demás, hacia la sangha? Decidir venir a practicar la sesshin de fin de año aquí es enseñar este compromiso hacia los demás haciendo el mismo esfuerzo que los demás. Para muchos de nosotros aquí el Ango empezó ayer.
El tercer compromiso, que llamo espiritual o cósmico, lo veo así: la decisión personal, íntima; la decisión de cada uno de hacer algo, de contribuir en algo viniendo aquí al templo, sentarse con los demás, compañeras y compañeros. Este mundo va súper mal: ¿qué puedo hacer, cómo puedo ayudar? Voy al templo a practicar. Es un compromiso cósmico.
Estos tres compromisos los practicamos simultáneamente, a la vez, pero si el primer compromiso personal no es sincero, el compromiso hacia la sangha y el de elevar el nivel espiritual de este mundo no van a funcionar. Entonces ahora insisto, adentro de cada uno, sentados en zazen, una pregunta obligatoria, más bien absolutamente necesaria, de sí mismo a sí mismo: de verdad ¿quién está sentado ahora en el zafu? De verdad ¿quién está practicando?
Zazen es decidir en silencio
Aquí y ahora, siempre aquí y ahora. Aquí: el dojo del Templo Shobogenji fundado hace veinte años por el maestro Kosen y sus discípulos, algunos aquí presentes. Ahora: todos nosotras, nosotros, discípulos de esta práctica milenaria llamada ‘sentada de los budas vivientes’. Durante esta sesshin, encarnar el buda viviente dentro de sí mismo, darle vida, más bien darle el paso, dejarlo tomar las riendas. En esta disposición no existen más chilenos, argentinos, franceses, no existen más rosarinos, cordobeses, santiagueños, porteños —bueno, porteños no hay muchos—. Es otra dimensión: somos ciudadanos cósmicos responsables. Está bien decir ‘vengan a la sentada de los budas vivientes’ pero eso son meras palabras si el estado de espíritu no es el de un buda viviente.
Para situarnos tal como un ciudadano cósmico y responsable de eso, para serlo, debemos abandonar el mundo del permiso y de la autorización. Pedir permiso… de manera regular gente que practica me pregunta: “¿te parece que…?”, “¿te parece si…?”. Y me di cuenta que para más del noventa por ciento de estas preguntas la persona que la plantea tiene la respuesta, no le hace falta pedir, pedir permiso: “¿puedo?”, pedir autorización: “¿te parece si…?”.
Durante esta sesshin, todo este día y noche, emprendemos un viaje interior, un viaje íntimo. Durante esta sesshin paremos de hablar con los demás desde un nivel meramente humano, guardemos la concentración, exploremos nuestro interior. Todos sentados frente a la pared, más bien vamos a encontrarnos sentados frente a nuestra pared y quizás nuestras paredes. Debemos atravesarlas: ¿van a pedir permiso para atravesar? Este permiso de atravesar, ir más allá, somos nosotros, cada uno de nosotros, quienes deben dárselo. Cada uno debe saber lo que tiene que hacer y eso es el principio de la libertad en el zen. Hay que entender profundamente, íntimamente eso, practicar eso como algo bien anclado dentro de sí mismo: entender íntimamente lo que cada uno debe, tiene, que hacer nos libra de mirar y juzgar la práctica de los demás.
Pedir permiso: “¡Ah! ¿Voy al campo de verano o no? ¿Hago la sesshin o no?”. Y ahí la vida, o sí o no, o sí o no… Zazen es decidir en silencio. Hemos encontrado zazen en nuestra vida. El dojo aquí, lleno de ciudadanos cósmicos, algunos con kesa, otros con rakusu, pero todos inmóviles, todos concentrados. Podemos pensar que constituimos un grupo de seres humanos que practica zazen como vía espiritual. Este zazen auténtico, transmitido, lo hemos recibido gracias a los esfuerzos de todos los budas, maestras, maestros, patriarcas del pasado, sean conocidos o no. Muchos maestros del pasado son hoy en día totalmente desconocidos. De hecho hablamos del Maestro Dogen, año mil doscientos, y luego pasamos directamente al Maestro Sawaki, cinco siglos después. Nosotros ahora hacemos parte de algo global, algo que se sitúa más allá de nuestra condición efímera de ser humano.
Entonces no importa que seamos conocidos o no, no importa mirar, juzgar la práctica de los demás. Hacerlo es Hinayana, pequeño vehículo. A través del Maestro Deshimaru y del Maestro Kosen es el Mahayana que fluye en nuestras venas. Lo que importa es cómo actúo, qué hago con este tesoro recibido, esta perla brillante dentro de mí mismo.
Preguntaba ayer: ¿quién está sentado ahora en el zafu?, ¿quién practica? Voilà, eso es el núcleo de concentración de esta nueva sesshin, explorar dentro de sí mismo, dejar al buda viviente expresarse y así poder contestar a esta pregunta: ¿qué hago con este tesoro recibido?
Hacer lo que hay que hacer y no hacer lo que no hay que hacer
Hablando de la vida, el Maestro Kodo Sawaki dice: “la vida no es fácil o difícil, simplemente hay que hacer las cosas que debemos hacer y no hacer las cosas que no debemos hacer”. Ven que es bastante similar al primer poema del Shin Jin Mei, una recopilación de poemas que expresa la fe en el espíritu, escrita por el Maestro Sosan. Esta recopilación empieza diciendo que la Vía no es fácil ni difícil, solo basta con no tener ideas preconcebidas, solo basta con no juzgar.
¿Estas palabras tienen resonancia dentro de cada uno de nosotros? Saber, como dice Kodo Sawaki, lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, está a cargo de cada uno preguntárselo, dentro de sí mismo, sin esperar que alguien o algo venga a resolver su koan. El Buda mismo nos dice no poner nadie o nada encima de nuestras cabezas.
Esta Vía de la que habla el Maestro Sosan, el Maestro Dogen la explica, por ejemplo, en cómo ir al baño. El zen no es nada místico. Hablamos, tratamos de cosas de una sencillez impresionante: ¡cómo debo ir al baño! Cuando debo ir al baño no me pregunto “bueno voy o no voy…mmm… a ver, voy a preguntar al maestro si voy al baño o no”. Permiso, autorización, esperar que alguien decida por mí, esperar que algo suceda para resolver mi koan… Esta decisión de ir al baño la tomamos porque viene desde adentro y nos adaptamos a ella. Pues, lo mismo con zazen, lo mismo con la dimensión de zazen: esta dimensión la llevamos adentro y es a cada uno decidir qué hacer con ella, sin pedir permiso o autorización.
Permiso, autorización, todo eso tiene que ver con lo exterior. ¿Qué es lo exterior? El ego. Empecé este kusen esta mañana hablando de ciudadano cósmico responsable. El ego no quiere esta conciencia global, universal, cósmica; lo que él quiere es solamente eso: mantener la ilusión del yo. De hecho este yo no quiere estar sentado inmóvil, sudando ahora en el dojo del templo.
Hacer las cosas que tengo que hacer, no hacer las cosas que no tengo que hacer: ser ciudadano cósmico responsable es asumir esta dimensión, es ponerse al nivel del cosmos mismo y no es tan difícil tal como el ego nos lo hace creer, porque este cosmos mismo lo llevamos adentro. Abandonar su ego es entonces una decisión íntima, interior. Quizás todo se derrumba alrededor de nosotros en nuestra vida pero la fe, ella, es eterna. Si tenemos esta fe, si tenemos esta decisión libre de ego, si hemos decidido que de verdad no necesitamos nada, quiero decir ni permiso ni autorización, adentro de nosotros llega la calma y la paz, tal como una vibración, una vibración que se instala adentro. Esta vibración es la respiración del cosmos y la actualizamos durante zazen: ¿a dónde pediríamos permiso, autorización?
Aun si zazen nos parece penoso, difícil, nuestro cuerpo físico lo reclama. Progresivamente — puede ser el tiempo de una vida, ¿qué importa? — actualizamos nuestra dimensión cósmica. Provenimos del cosmos, es nuestra verdadera casa y nuestra forma humana lo expresa a través de zazen. Entonces, dejemos nuestro espacio cosmos interior vibrar, armonizarse con la vibración cósmica.
Disponibilidad a la manifestación del orden cósmico
Sigo con el kusen. En tanto que ciudadano cósmico responsable de su dimensión, estableciendo la vibración cósmica, la armonización dentro de sí mismo, entendemos que lo exterior no es constituido por los demás, por los eventos que nos toca vivir o por la sociedad en la cual vivimos. La primera indicación que recibimos cuando empezamos zazen es ‘girar su mirada al interior’. Lo exterior es todo lo que es exterior a sí mismo, o sea es, antes que todo, nuestro propio ego. Zazen nos pide abandonarlo, abandonar lo exterior, actualizar su dimensión: reencontramos, volvemos a encontrar lo que ya tenemos, paramos la separación adentro de sí mismo.
Los maestros zen lo definen así: volver a su rostro original. ¿Qué es? El rostro original es nuestro rostro antes de crear dualismo, este dualismo que se expresa cuando opinamos sobre la práctica de los demás, cuando juzgamos, cuando vivimos a base de prejuicios. El rostro original es el rostro antes de preguntarse: ¿hago la sesshin o no?, ¿voy al dojo o no? Insisto: sin ponerse al nivel espiritual que llevamos, diría antes que desde siempre — hablé de compromiso espiritual durante la preparación —, será difícil dejar expresarse a nuestra verdadera dimensión. Hablo de dualismo, de prejuicios, de categorías: citaré a Albert Einstein, del cual podemos pensar que tiene autoridad en su dominio, en su ámbito. Einstein dijo que “es más difícil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Encontré esta cita en el frente de una universidad de México.
Hay tantas cosas por hacer con su propia práctica en lugar de perder su tiempo, en lugar de ‘pasar su vida en vano’… Un ejemplo de cosas para hacer con su práctica: venir aquí a practicar intensivos con la sangha y regresar a su vida cotidiana, a su día a día, renovados, frescos, abiertos y disponibles. Ya no estoy más disponible para mi ego: hablo de disponibilidad a la manifestación del orden cósmico. “Seguir el orden cósmico”, palabras del Maestro Deshimaru.
Lo sabemos todos, la vida pasa rápidamente. En el zen hablamos de ‘aquí y ahora’, juntos. Podemos volver al ‘aquí’ pero el ‘ahora’ nunca volverá. El Templo Yujo Nyusanji en Francia era en el pasado un centro de vacaciones para niños. Durante los campos de verano vemos venir gente que quiere volver a ver el lugar donde de niño pasaba vacaciones. El ‘aquí’ es todavía presente, ahora bajo la forma de un templo zen, pero el ‘ahora’ para esta gente ya hace completamente parte del pasado. Nosotros reunimos ‘aquí y ahora’.
Disponibilidad a la manifestación del orden cósmico: el Templo Shobogenji cumple veinte años dentro de poco, veinte años manteniendo una fuerte exigencia de práctica. Es poco, veinte años, pero al mismo tiempo es una eternidad. Entonces ¡no malgastemos lo que hemos recibido! De la misma manera que el Templo Shobogenji desarrolló una fuerte exigencia, un fuerte compromiso con esta práctica universal, nosotros también desarrollamos a nivel individual este fuerte compromiso. ‘Buda universal’: es en esta dimensión, en este ‘aquí’ que debemos situarnos en nuestra vida. Y nuestra vida es ‘ahora’.
Parar su locura, deshacerse de su propio velo de ignorante, parar de dar vueltas e ir ya mismo a la fuente. Y descubrir que la fuente es sí mismo.
Ir ahora mismo a la fuente
El cansancio… El cansancio es parte integrante de la experiencia ‘sesshin de noche’. No se trata de combatirlo, se trata más bien de soltar. Soltar las tensiones es, sin duda, entregarse. Afuera es media noche, todo está calmo. Adentro de sí mismo, esta misma calma.
En el medio del océano existe una pequeña isla desierta, aislada de todo. En esta isla hay un tipo, un sobreviviente de un naufragio. Un día pasa un crucero delante de esta isla y este náufrago se pone a agitar sus brazos desesperadamente para llamar la atención. En el barco, un pasajero tomando sol en el deck ve, desde lejos, a este tipo agitando frenéticamente sus brazos; va a ver al capitán y le pregunta quién es este tipo. El capitán le contesta: “-No sé. Yo paso una vez por año delante de su isla perdida y cada vez eso lo vuelve loco”.
¿Cuántas veces en nuestra vida somos este tipo solo en la isla perdida? ¿Cuántas veces en nuestra vida somos este capitán que no conoce, o no respeta, las leyes del salvamento marítimo? ¿Cuántas veces en nuestra vida somos este pasajero que se satisface de la respuesta del capitán?
Les hablé de parar de dar vueltas, de ir ya, ahora mismo a la fuente, de descubrir que la fuente es sí mismo. Ser la fuente, ser esta fuente encontrada dentro de sí mismo a través de la práctica de zazen. Volvernos esta fuente es un regalo para la humanidad, es de esta manera que podemos ayudar a los demás, es volviéndose esta fuente que cumplimos con nuestros votos de bodhisattva. Nosotros cuidamos la humanidad entera, nosotros cuidamos el cosmos entero y es eso nuestro samu: su dimensión definitivamente más allá nos permite vivir una vida de gran libertad; nos volvemos la unión viviente del ‘más allá’ con el ‘aquí y ahora’. En esta dimensión, pedir permiso nunca existió.
Esta dimensión se revela a medida que exploramos, adentro, nuestra intimidad. Según el Maestro Dogen: “observarse a sí mismo, olvidarse de sí mismo, ser certificado por todas las existencias”. Esta dimensión la actualizamos, la hacemos vivir a través de nuestro gyoji, la repetición de la práctica, la repetición de nuestro compromiso. Así entendemos cómo vivir, así tenemos la llave de cómo vivir: ¿actúo a la merced de mis karmas, o actúo libremente, llevado por la fuerza de mis votos de bodhisattva?
¿Quién decide? Este ser, aquí y ahora sentado en el zafu en plena noche; este ser divino, nos dice el Maestro Kosen, haciendo la experiencia de la materia.
Texto de Milarepa
El cuerpo físico está cansado por mantener la postura. El cuerpo mental está cansado por mantener la concentración, aquí y ahora. El cuerpo emocional está cansado de tanto dejar pasar, dejar pasar las emociones. El cuerpo espiritual, él, no conoce el cansancio.
Para este último zazen, ya en plena noche, elegí un texto que habla a todos estos cuerpos reunidos. Es más bien un poema cuyo autor es Milarepa. Milarepa era un yogui tibetano contemporáneo del Buda mismo y discípulo de él. Se trata entonces de un texto bien antiguo. Milarepa nos dice:
«Hablar de la naturaleza de Buda, decir que es así o así, a pesar de que se sitúa más allá de las palabras es la muestra de una gran ignorancia y de una meditación sin compasión.
La identidad de la manifestación — shiki — y del vacío — ku — es el cuerpo del Dharma, el Dharmakaya, en el cual samsara y nirvana, infierno y paraíso, se perciben como una sola cosa.
Los seres se funden completamente en la naturaleza de Buda. Cuando interiormente y con evidencia uno realiza que sus pensamientos aleatorios errantes son también esencia de sabiduría, la causa no se distingue más del efecto: eso se llama la realización de los tres cuerpos de Buda, que de hecho no son sino uno.
Las pertenencias y las riquezas se evaporan como el rocío en el pasto: si saben eso, ¡denlas sin dudar!
Nacer en un cuerpo humano favorable — poder practicar zazen — es una cosa muy preciosa: sabiéndolo, debemos seguir la disciplina con atención, cuidándola tal como la pupila de nuestros ojos.
La ira lleva a la caída en los mundos infernales: sabiéndolo, detengan vuestra cólera, incluso si deben por eso arriesgar vuestra propia vida.
Obrar para sí mismo y para los demás nunca debe ser cumplido con pereza: debemos esforzarnos en practicar las virtudes, los preceptos. Un mental sin disciplina nunca podrá asir las verdades del Mahayana, el estado de Buda no puede constituir el objeto de una búsqueda exterior a sí mismo.
Por eso debemos practicar con fe y determinación y observar su propio espíritu antes de que las nieblas del otoño lo disuelvan».
