Ser uno con, ser una con, según Dogen (Ryokan 2/07/2022) [esp]

Encontré una frase del Maestro Dogen que nos habla del acuerdo que se debe establecer consigo mismo, consigo misma, un acuerdo que nos lleva a ‘ser uno con’, ‘ser una con’. El Maestro Dogen explica la idea que tiene de este acuerdo diciendo: «este acuerdo quiere decir no ser disímil, se trata de no ser disímil ni consigo mismo ni tampoco con les demás«.

Busqué traducciones hasta llegar a esta palabra ‘disímil’, lo contrario pues de ‘similitud’. No quería usar la palabra ‘diferente’ porque en apariencia somos diferentes, las vidas que llevamos son diferentes; El Maestro Dogen no habla de eso sino de algo que no sería una similitud, por eso elegí este vocablo ‘disímil’. Entonces establecer un acuerdo consigo mismo para vivir una vida en la cual ‘soy uno con’.

Para explicar su propósito el Maestro Dogen da el ejemplo del mar: «el mar no rechaza el mar y por eso el mar realiza su condición de mar, y realizando su condición de mar realiza la grandeza». Dogen nos advierte: «ser uno con no es tan fácil como parece, porque este acuerdo supone liberarse, supone deshacerse de la tendencia que tenemos los humanos en juzgar, comparándolo todo consigo mismo». Este juego de comparar todo consigo mismo lo integramos en nuestra propia vida percibida, en la cual caben principalmente nuestras ideas propias.

Entonces, ‘ser uno con’ es un acuerdo, una decisión de sí mismo a sí mismo, de sí misma a sí misma, liberándonos de nuestro hábito de juzgarlo todo en función de nuestro propio entendimiento. Practicar la disimilitud nos lleva al rechazo del otro, el rechazo del otro tal como es; no lo aceptamos tal como es, lo aceptamos solo si conviene, si coincide con nuestras propias opiniones. De ahí los conflictos, desde una discusión en una pareja que acaba en feminicidio hasta las guerras en la superficie del planeta.

El Maestro Dogen insiste en todas sus enseñanzas en no-rechazar, y es a través de este no-rechazar que podemos ‘ser uno con’. Este acuerdo se impone a nosotros cuando pasamos un momento difícil en nuestras vidas, difícil de verdad, quizás hasta ser un momento de peligro; en esta situación vemos más fácilmente la futilidad de nuestras preocupaciones y vemos también que sí, de verdad, ‘ser uno con’ es la vía, es una vía de curación. El opuesto de ‘ser uno con’, tal como lo entiendo, es la alteridad, la separación; es un yo, obviamente ilusorio, que se construyó y ve todo el resto como ‘otro’. La única cosa que el yo egótico reconoce es él mismo.

Entonces ‘ser uno con’ es un estado en el que no vemos nada como ‘otro’; y aquí en esta dimensión encontramos nuevamente, porque siempre está presente, nuestro ideal de bodhisattva ¿Cómo podemos pretender ayudar a los demás si no sabemos practicar el ‘ser uno con’? Cuando vivimos en el modo disímil, de separación, de alteridad, inmediatamente nace la ilusión de la separación, que hemos creado, y con esta separación aparece el clásico binomio rechazo-apego, atracción-repulsión, de acuerdo-no de acuerdo… En estas condiciones nuestro ideal de bodhisattva parece inalcanzable. Por lo menos en lo que me concierne, yo dije: «¡Sí sí sí!» a este ideal para practicarlo lo más posible a cada momento de mi vida; no es una teoría, no es un voto piadoso. El alejarnos de nuestro ideal de bodhisattva y verlo como inalcanzable, nos pasa, lo vivimos todos, todas, a lo largo de nuestra práctica.

Levantarse por la mañana, saludarse en el espejo saludando el/la bodhisattva que somos, no simplemente este ser humano arrugado: hay que ir a nuestra condición auténtica. Este ideal de bodhisattva que somos es vivir con nuestro verdadero sí mismo actualizado. De esta actualización hablan mucho los maestros, también de regresar a la condición normal: es eso ser actualizado.

Nuestro verdadero sí mismo actualizado ¿dónde lo encontramos? pues en todas partes. En el zen hablamos de ‘todas las direcciones’, arriba-abajo, delante-detrás, izquierda-derecha, exterior- interior; en todas estas direcciones encontramos nuestro verdadero sí mismo. Eso quiere decir que es a través de los fenómenos de nuestra vida que podemos actualizar nuestra naturaleza de buda. Nuestro verdadero sí mismo es todo lo que existe; nos damos cuenta de que no podemos elegir, no podemos empezar a separar. Nuestro trabajo es más bien Englobar e integrar. Desde este verdadero sí mismo actualizado nace, brota naturalmente el ‘ser uno con’. Es en nuestra cotidianidad que debemos esforzarnos en ‘ser uno con’ y actualizar nuestro verdadero sí mismo. El ideal de bodhisattva es ayudar a los demás, o sea ser eficaz hacia los demás para brindarles respuestas a sus interrogantes. Englobar e integrar. Esta ayuda no está separada de realizar, cada una, cada uno, sus propios progresos espirituales.

‘Ser uno con’ depende de sí mismo, depende de su voluntad de actualizarlo. Entonces necesita un esfuerzo, por eso hablamos de la ‘práctica siempre fresca, nunca estancada’. Decirse: «Ya está, lo entendí» es una ilusión. Transformarse en alguien que da las introducciones al zazen siempre de la misma manera, siempre igual, tal como estos profesores que año tras año repiten exactamente lo mismo, sin ninguna actualisación, no es la actitud.

El zen no tiene olor a naftalina, este zen que hemos recibido es fresco y nos pide inventarlo a cada momento. Lo creamos desde este acuerdo de ‘ser uno con’. Adentro de si mismo, adentro de si misma.