En la amplia y vasta literatura budista, plena de ilustraciones, encontré una que representa un árbol llamado ‘el árbol positivo’. Hoy quiero hablar de él, de este árbol que realiza todos los deseos. Aquí ‘deseos’ se entiende en el sentido de la meditación zen, es decir que no se habla de pasiones sino de deseos altruistas, sin intención de provecho personal. Entonces este árbol realiza todos estos deseos.
Así es su descripción: tiene sus raíces en una disposición de espíritu desapegada, que quiere liberarse; la base, el sustrato del cual se nutre, es un espíritu desapegado del ego. Sin abandonar su ego no hay vía espiritual, sea cual sea esta vía. Entonces, sus raíces nacen de una disposición de espíritu que aspira a librarse del samsara,de todo lo que representan nuestros infiernos personales, todas las complicaciones que mantenemos en nuestra vida y que no paran de provocar sufrimiento. El tronco de este árbol está constituido de confianza y compasión. Hablamos del tronco, del pilar; con los troncos se hacen vigas para mantener edificios, como aquí en nuestro Dojo. Entonces, este pilar está constituido de confianza y compasión. Las ramas, porque un árbol sin ramas no está completo, crecen por medio del abandono de lo nocivo y la práctica de lo beneficioso; así se fortalecen las ramas sanas para tener hojas y flores. Las hojas están representadas por todas las virtudes, y las flores, para nosotras y nosotros practicantes de la meditación, son la realización de las cualidades esenciales de la meditación. Tal como el jazmín del Dojo, de estas flores nace su perfume. Este es el perfume del perfecto estado de buda, del ser humano despierto.
Ahora bien, este árbol positivo debemos hacerlo vivir en nosotros mismos y en nosotras mismas. El budismo zen es concreto y pide acción, iniciativas para hacer vivir su propio árbol positivo y así desarrollar un karma positivo. ¿Cuándo un karma es positivo? ¿cuándo ocurre eso? Pues a cada momento de nuestra vida, cuando estamos en la superación de las actitudes del ego, cuando nuestros sentimientos, nuestras sensaciones se basan en compasión, amor, benevolencia, virtudes. Son prácticas, y son estas prácticas las que nos llevan hacia nuestro despertar, a entender nuestra vida y vivirla con conciencia.
El budismo habla de diez actos favorables que nos permiten practicar el ‘árbol positivo’, y verán la sorprendente analogía con los preceptos al momento de recibir la ordenación. De estos diez actos, tres conciernen al cuerpo, cuatro a la palabra y tres al espíritu, al estado de espíritu. Los tres actos positivos producidos por el cuerpo son renunciar a matar, renunciar a robar y abandonar una vida sexual errónea. Renunciar a robar es ser generoso. Los cuatro actos positivos de la palabra son abandonar la mentira y decir la verdad, renunciar a sembrar la discordia y al contrario favorecer la concordia y la armonía, abandonar el uso de palabras agresivas y el parloteo, lo mundano. Practicar estos actos es hablar con dulzura y con conciencia, porque cada palabra emitida requiere conciencia. Los tres actos positivos del espíritu son abandonar la codicia y saber estar satisfecho, satisfecha con lo que se tiene -en el primer zazen esta mañana hablé del acuerdo que establecemos consigo mismo y consigo misma que nos lleva a ‘ser uno con’, ‘ser una con’-. El segundo acto positivo del espíritu es abandonar el deseo de molestar, de perjudicar, de ponerse en contra, de querer ser especial, o sea querer el bien, sin compromisos, sin cálculo, querer el bien nada más. Por último, el tercer acto positivo es abandonar las vías erróneas y entender de manera justa.
Eso es el árbol positivo que cada uno lleva dentro y debe cuidar. Un árbol es un ser vivo. Cultivar, ampliar los actos positivos en nuestra vida, cuyo resultados son beneficiosos y traen felicidad, forma parte del ideal de bodhisattva. Eso ocurre a cada instante, no mañana sino ahora, aquí y ahora.
Quiero desearles un lindo verano, que por lo general usamos para descansar de lo arduo y estresante de nuestras vidas urbanas cotidianas. Con zazen tenemos la dirección, la herramienta que nos permite reconocer la naturaleza vacía de nuestro espíritu, de nuestros pensamientos, de nuestra pasiones; reconocer esta naturaleza vacía nos permite obtener la paz, la felicidad y la libertad en esta vida misma. Pues cuiden su árbol positivo mientras estén de vacaciones, y no se olviden de regarlo para así gozar de libertad, de paz interior y de felicidad.
