La pandemia y el zen de Dogen [esp]

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[Entre los meses de Marzo y Julio de 2020, en pleno confinamiento y ante la imposibilidad de poder practicar juntos en los dojo, se habilitó, de forma totalmente gratuita, una sala virtual a través de la plataforma Zoom para poder ofrecer un espacio de práctica abierto a todas y a todos. Rápidamente se popularizó llegando a reunir a más de 100 personasen cada sesión, tanto de Europa como de América Latina, que se contactaron y practicaron juntas en tiempo real. El siguiente kusen fue ofrecido por el Maestro Soko en el marco de esta práctica conjunta online, en plena pandemia.]

Los acontecimientos de esta pandemia certifican el zen de Dogen y el zen de Deshimaru. Impermanencia, la vivimos; interdependencia, la vivimos también. El único momento que vale es bien ahora mismo, aquí y ahora. Es el zen de Dogen.

Ahora nos encontramos frente a una situación que no controlamos. Además, puesto que esta situación es global, y por eso hablé de interdependencia, es el ser humano como especie en este planeta quien se encuentra frente a una situación que le pide privación de libertad. En la historia de la humanidad, tanto a nivel colectivo como a nivel individual, han habido crisis, agitaciones, enfermedades… en fin, cambios radicales que surgen repentinamente y que nos sirven como indicadores, como marcadores para rectificar, explorar y experimentar.

¿Qué debemos rectificar? la trayectoria que hemos tomado en tanto que humanos. ¿Qué debemos explorar? nuevas orientaciones. ¿Qué debemos experimentar? en concreto pues, otro camino de vida. Pero ahora en esta situación tenemos que hacerlo desde el confinamiento, entonces a nivel individual. Y miren que ahora tenemos tiempo ¿no? Todas y todos tenemos tiempo.

Con la práctica de zazen estamos acostumbrados a la introversión; yo pienso que es exactamente el momento de observarse, es exactamente el momento de practicar el zen transmitido, el zen de Dogen, de Deshimaru, de Kosen, el zen de toda la historia de la humanidad hasta nosotras y nosotros.

Cuando damos instrucciones en los dojo hablamos de ‘cortar con lo exterior’ y de ‘girar su mirada hacia adentro’ insistiendo -bueno, yo por lo menos- en que las soluciones que queremos traer a nuestras vidas no nos van a llegar desde lo exterior, como si de un uber-eats o de un delivery se tratase. Quiero decir, ahora confinados, confinadas -bueno salvo en Chile donde todavía el gobierno no se pone las pilas- ¿qué es ‘lo exterior’? ¿Qué es lo exterior cuando esta privación de libertad nos da la sensación de estar solo, sola y mas bien, más fuerte aun, la sensación de estar aislada, aislado de todo?

El contacto que mantenemos ahora con el exterior lo practicamos vía las redes sociales, como ahora por ejemplo con zazen online donde alcanzamos al mismo tiempo varios países. Pero no es porque me conecto con los demás a través de una pantalla, de una plataforma, que mi zazen es diferente; de hecho yo haría zazen igual sin la conexión, sin las redes sociales; y eso debe ser nuestra reflexión también. Las redes sociales ahora para nosotros constituyen ‘lo exterior’. Entonces, es una advertencia que quiero dar, tampoco son ellas, las redes sociales, las que van a solucionar, las que van a dar respuestas a nuestra vida confinada, a nuestro cuerpo, la materia, privado de actividad, y a nuestra mente, cada vez más angustiada con el paso del tiempo confinado.

Reflexionando sobre eso, pienso que debemos ahora dar un sentido, esta vez entonces sin interacciones con lo exterior, dar un sentido a los valores del budismo zen que hemos recibido y que practicamos: la paciencia, el fusé, la compasión, mushotoku. Ahí podemos seguir ayudando a la humanidad. La paciencia con sigo mismo, cuando vemos que estamos al límite, saber regresar a la postura, respirar y poder atravesar; la paciencia con la familia, o con el compañero o la compañera con quien la historia nos hace compartir lo que se perfila como unos 50 días de confinamiento. La compasión hacia sí mismo, la compasión hacia las personas con las que compartimos este momento. Abandonar su ego, observarse. En estas condiciones, paciencia y compasión son nuestro fusé: si estoy de malhumor, en lugar de vomitar mi frustración sobre las personas que me acompañan o en las redes sociales cuando ya no puedo más, pues voy más allá y sigo practicando estos valores budistas.

Bueno, ahí estamos, al principio de una gran aventura, totalmente desconocida. Esta pandemia que acaba de empezar va a resultar  muy destructora para el ser humano. Para su salud, hoy en día hay gente que muere, hay gente que sufre; pero también para su economía, ya hay gente que ha perdido sus fuentes de ingreso; pero además de eso, esta pandemia va ser destructora para el ser humano también porque la cohesión social será puesta a prueba. Las desigualdades sociales van a empeorar. La violencia familiar va a explotar. Todos los humanos que no tienen ni acceso al agua van a estar más castigados, las favelas, las villas miseria, los sin techo,  se quedarán sin soluciones. Eso por un lado, pero ven bien que todo eso es solo la especie llamada ser humano la que está perjudicada; porque por otro lado, esta pandemia da un respiro inesperado al planeta y a sus otros habitantes, ya lo notamos. Aquí por ejemplo desde el dojo de Santiago de Chile, el trozo de cordillera que casi nunca podemos ver por culpa de la contaminación brutal de la cuidad, se ve. Este respiro al planeta que notamos al nivel individual, ya la ciencia lo certifica.

Esta pandemia va a dar a la humanidad la oportunidad de vivir una evolución salvadora, un cambio de paradigma. «Bad becomes good!» decía el Maestro Deshimaru; pero si vivimos lo que ocurre desde el ego, va a ser «Bad becomes worst!», cada vez peor… ¡Operar este cambio de paradigma, esta evolución de la cual hablo, es responsabilidad de cada uno, aquí ahora, individualmente y dentro del colectivo; es nuestra responsabilidad operar esta evolución, adentro de sí mismo, y con tranquilidad ya que tenemos tiempo!

Admitiendo que esta pandemia va a acabar, porque de hecho no lo sabemos, ¿cambiará la humanidad después? O ¿regresará a lo mismo, con más frenesí de tanta frustración? Entonces, esta introspección con zazen, para cada una de nosotros, es ¿cambiamos de paradigma ya mismo o seguimos con lo anterior? Hoy en día, lo anterior, miradlo bien, se vuelve mediocre. Nuestras quejas, ¿a qué sirven ahora?¿qué sentido tienen? ¡Impermanente está el mundo!

Para acabar el kusen, sabemos ‘no moverse’ en zazen ¿no? Pues, realmente de sí mismo a sí mismo, en lo más profundo del confinamiento, cada uno debe aprender a ‘no moverse’, tanto si dura un mes, dos meses…o más.

Quería darles, quería darnos un mensaje de ánimo, de esperanza, de fe; deciros que las enseñanzas zen nos dicen  de ‘hacer zazen como si un fuego ardiera sobre nuestras cabezas’. Es ahora que lo hacemos vivir dentro de nosotros, o nunca; ahora o nunca: cada uno decide en lo más íntimo de sí mismo.

Yo no dudo que con zazen tenemos la herramienta para atravesar. Voilà:Todos iguales, en la misma condición. Entonces, seguimos, todos juntos, todas juntas.

Lugar: Sho Den - Dojo Zen de Santiago de Chile Fecha: 22/03/2020

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