Mensaje a aquellos y aquellas que empiezan [esp]

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[Entre los meses de Marzo y Julio de 2020, en pleno confinamiento y ante la imposibilidad de poder practicar juntos en los dojo, se habilitó, de forma totalmente gratuita, una sala virtual a través de la plataforma Zoom para poder ofrecer un espacio de práctica. Rápidamente se popularizó llegando a reunir a más de 100 personas tanto de Europa como de América Latina que se contactaron y practicaron juntas en tiempo real. El siguiente kusen fue ofrecido por el Maestro Soko en el marco de esta práctica conjunta online, en plena pandemia.]

Hoy quiero dirigirme más especialmente a todas estas personas que hasta ahora nunca habían practicado la meditación zen; ante todo, darles la bienvenida. La situación actual hace que personas hasta ahora alejadas de la meditación se acerquen a ella, empiecen a practicarla poco a poco. A toda esta gente nueva, principiante, que en su mayoría nunca entró en un dojo zen, quiero decirle de no pensar la meditación como algo que hay que hacer, como si fuera una nueva obligación. Lo importante es cambiar su propia actitud; debemos meditar diciéndonos que este acto es igual de importante que dormir por la noche, o comer durante el día; o sea una actividad fundamental, esencial. Es así que hay que tomar la meditación. No es un extra. No es un plus. Es la esencia.

De hecho la meditación zen, llamada zazen, es de lo más importante, aunque a veces puede parecer que no, que es de lo menos importante. Mientras estamos todos, todas, en confinamiento, los beneficios de la meditación aparecen a la luz por ellos mismos; nosotros no hacemos nada sino practicar. Durante esta meditación voy enumerar algunos de estos beneficios, para animar a los principiantes a seguir la meditación online con nosotros durante el confinamiento; pero más bien animarles a continuar después de esta situación actual, continuar lo que están aquí y ahora descubriendo.

Se trata de ‘no pasar su vida en vano’. La meditación zen, sentada, inmóvil, en silencio, es en silencio en su cabeza también, y eso es importante porque da la oportunidad de descansar de las responsabilidades, a veces pesadas, que uno asume en la vida cotidiana. La meditación permite soltar. Soltar y así usar el tiempo durante el día, hoy, mañana, lunes, etc., para parar, de manera muy simple; parar y observar. En el zen hablamos de ‘observarse a sí mismo’.

La meditación nos ayuda a tomar conciencia de las obsesiones que nos asaltan, que nos azotan; esas obsesiones están constituidas por todas las energías y las emociones, la agitación, las dudas y los problemas de lo cotidiano. Podemos tomar conciencia de todo eso, eso que existe en nuestra mente y que se manifiesta concretamente en nuestra vida cotidiana. Tomar conciencia de eso nos permite no ser superados por estas obsesiones. Es una historia de conciencia, es darse cuenta. Este darse cuenta es en el silencio interior que puede ocurrir. Para llegar al silencio interior el ser humano debe parar toda clase de actividad. Entonces cuando es correctamente practicada, la meditación zen permite parar de seguir ciegamente todas estas condiciones mentales. En el zen hablamos de ‘dejar pasar sus pensamientos’ y de regresar aquí ahora a la concentración sobre la postura física, la actitud mental y la conciencia sobre la respiración.

Parar de seguir ciegamente estos pensamientos nos permite empezar a tomar conciencia de ellos. Y ¿qué son, de hecho? Pues, de una manera muy directa diría que no son sino construcciones mentales. Siendo eso, solo existen en nuestra mente, individualista, cada uno con sus construcciones mentales; pero son simples construcciones mentales: eso quiere decir que están sometidas al ciclo de las apariciones y las desapariciones, lo que significa que no tienen sustancia propia. Zazen, la meditación zen, nos permite dejar estas construcciones mentales ser tal como son. Las dejamos ser lo que son y así podemos dejarlas ir: hablamos de ‘dejar pasar’, y van a ver que desaparecen por si mismas.

Lo observamos con los pensamientos en zazen: si mantienen sus pensamientos, al contrario de desaparecer, van a crecer tanto que llegarán a ocupar todo vuestro espacio interior. Bueno, zazen limpia todo eso, deja este espacio interior libre para propósitos más elevados que nuestras angustias, nuestra paranoia, nuestras adicciones, nuestros miedos.

Ahora que estamos casi todas, todos, experimentando una privación, que es más que todo privación de movimiento, les diré que, para mi, en este momento particular, un momento que no es la eternidad, la meditación debe ser algo que esperamos con anhelo, algo como -y voy a hacerles agua boca- la perspectiva de ir a un restaurante, después de este zazen, para compartir una rica comida. Hay que esperar la meditación de esta manera, debe darnos una profunda alegría, en el momento presente; quiero decir, algo que nos gusta realmente hacer, más bien algo que nos gusta realmente practicar.

Esta práctica nos da la oportunidad de cortar con los ciclos compulsivos en los cuales nos encerramos hasta volvernos personas prisioneras en nuestra vida cotidiana. Ven bien que este sentimiento de estar encerrado en sus construcciones mentales, todos y todas lo vivimos; quiero decir que no es porque hagamos zazen que seamos especiales, al contrario -y esto es importante-, en la meditación el punto de partida es donde uno se encuentra; y damos la cara frente a este ‘donde uno se encuentra’. Hay que tener cierta valentía, cierto coraje, para practicarlo. Eso es el zen, aceptar lo que es en el instante presente.

Aceptar no es estar de acuerdo, aceptar es no rechazar, aceptar es tomar conciencia. Desde esta toma de conciencia podemos actuar. Actuar ¿para qué?, para instalar la felicidad, la calma, al interior de sí mismo, lo que las películas llaman ‘ser zen’. No hace falta tomar una píldora para sentirse en armonía con el universo, bueno, funciona pero un momento limitado. Sabemos que con la meditación establecemos esta verdadera armonía con el universo, aunque sabemos que se necesita más tiempo que tomando algún producto. Bueno, eso es ver las cosas de manera correcta, tal como son realmente.

Y especialmente a la gente que verdaderamente no puede más con esta prueba que la humanidad debe atravesar junta, a la gente que, a pesar de sus esfuerzos, a pesar de su gran sinceridad para liberarse, a la gente que siente mucha tristeza dentro de si misma, le diría que no tenga miedo de meditar, de no temer a la meditación; al contrario, es signo de buena salud si hoy en día se encuentran sentados, mas o menos cómodamente, en meditación zen. Podemos ver incluso nuestra propia angustia como algo que no es sino una condición -de nuevo una condición-, entonces como algo que podemos soltar, y no como algo que debemos eliminar. Voilà, con este kusen hoy, esta enseñanza oral durante zazen, quería poner el acento en que no se trata de eliminar. Se trata de soltar.

Dirigiéndome de nuevo a las personas principiantes que están descubriendo la meditación, si me lo permiten, gracias a la pandemia, les diría que lo que están descubriendo con la observación de vosotras y vosotros mismos, todas estas condiciones mentales, existían en vuestra cabeza antes de la pandemia y seguirán existiendo después, salvo si empiezan a tomar medidas para cambiarlas.

Entonces, os animo a seguir; es lo que traté de difundir en el vídeo en el cual explico la meditación zen  especialmente a la gente que no tiene ni idea de esta tradición de meditación. Lo que ven ahora dentro de vosotros mismos, insisto, estaba presente antes, y no es porque la pandemia un día va a acabar y que poco a poco regresaran las actividades profesionales y de ocio que todo eso desaparecerá. Así que por favor no duden en juntarse con nosotros y practicar la meditación zen, y luego, cuando podremos movernos de nuevo, no duden a venir a un dojo zen, un lugar donde practicamos la meditación zen, con alegría, tal como ahora podríamos alegrarnos de entrar a un rico restaurante y comer las delicias que produce la tierra y que el ser humano es capaz de magnificar.

Lugar: Sho Den - Dojo Zen de Santiago de Chile Fecha: 19/04/2020

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